Guía práctica para un viaje fotográfico
¿Estás haciendo scroll en Instagram y te aparecen anuncios de viajes fotográficos? ¿Recibes newsletters que te ponen los dientes largos con planazos en los destinos más atractivos? ¿Te estás planteando seriamente apuntarte a un viaje de este tipo? ¿Te asusta juntarte con unos desconocidos y no sabes lo que puedes esperar?
Hacer un viaje fotográfico organizado puede ser una experiencia fantástica… o un caro dolor de muelas. Aquí tienes una guía práctica basada en mis aciertos y meteduras de pata para elegir bien (o decidir que no es para ti).
¿Qué es?
Es un viaje en grupo, donde normalmente no conocerás a tus compañeros hasta que empiece. Nada que hayan inventado los fotógrafos, naturalmente: la mayoría de viajes organizados por agencia son de este estilo. Lo que diferencia a un viaje fotográfico de uno “normal” es que se hace hincapié en buscar lugares donde pasar tiempo haciendo fotos. Por ejemplo: si una actividad habitual en un viaje estándar puede ser pasar la mañana en un museo, en un viaje fotográfico te podrían llevar a un mercado para que hagas fotografía callejera.
Para mí, tanto un taller de un día, como una escapada de fin de semana, como un viaje largo al otro extremo del mundo pueden encajar en la definición de “viaje fotográfico”. No es tanto la duración o el destino como el foco en hacer fotos.
¿Hace falta ser aficionado a la fotografía para disfrutar un viaje fotográfico?
O sea, si el fotógrafo es mi padre/novia/amigo y yo soy el +1, ¿me voy a aburrir?
En mi opinión, no. Primero, porque vas a ver sitios muy interesantes, puedes sacar el móvil que llevas en el bolsillo y te saldrán fotos chulas y, si no, miras con los ojos, que a veces se nos olvida.
Pero sí es cierto que los viajes fotográficos suelen tener un ritmo más lento que los “normales”, por la sencilla razón de que para hacer fotos hace falta detenerse y observar. Eso puede no ser del agrado de todo el mundo. Ante la duda, revisa el itinerario propuesto. Parece obvio, pero he conocido a gente que no lo hace y luego se queja de pasarse medio día en el sitio A en vez de estar menos tiempo e aprovechar para ir al sitio B.
Checklist básica para elegir bien
1. ¿Cuán fotográfico es el viaje fotográfico?
Si un viaje se vende como fotográfico, no será simplemente porque incluya sitios maravillosos donde hacer fotos increíbles que luego puedas enseñar para dar envidia en el trabajo, sino porque incluye formación a cargo de un profesional, que puede ir desde simple asesoramiento técnico a explicaciones detalladas sobre técnica fotográfica. Por tanto, infórmate previamente de la trayectoria de quien irá contigo, tanto en fotografía como en formación. Que una cosa es saber mucho de un tema y otra, muy diferente, es saber explicarlo.
2. ¿Cuál es el foco fotográfico del viaje?
Normalmente los fotógrafos están especializados en algún género, y organizarán el viaje en torno a su punto fuerte. Paisaje, fauna, calle, nocturna, macro… El viaje será muy diferente según esta orientación. Por ejemplo, un safari fotográfico requiere horas de vehículo y paciencia para fotografiar fauna salvaje, mientras que para calle se caminan muchos kilómetros por la ciudad. Los amaneceres tienen la mala costumbre de ser muy temprano, los bosques tienen senderos sin asfaltar, la fotografía nocturna supone pasar horas (y frío) plantando trípode en un mismo lugar… Pregúntate si te interesa aprender sobre el tipo de fotografía que predominará y, muy importante, si tienes (y sabes usar) el equipo imprescindible (focales, trípode, filtros, flash, disparador remoto…). Un buen organizador te dará una lista de lo esencial y de lo accesorio.
3. ¿Qué conocimientos técnicos son necesarios?
Pregunta cuál es el nivel de fotografía que se requiere y asegúrate de que conoces lo mínimo para disfrutarlo. Por mucho que te apetezca, si el viaje requiere conocimientos previos que aún no tienes, no vas a poder sacarle todo el jugo. Es cierto que la inmensa mayoría de viajes son adecuados para principiantes, pero algunos, orientados a fotografía muy técnica, no. Y también depende de los asistentes. Si todos tienen mucha experiencia y tú te acabas de comprar tu primera cámara, puedes acabar sintiéndote fuera de lugar. Pregunta sin miedo para que no te pase lo que a mí en el primer taller de paisaje que hice. Me vi rodeada de tipos con equipos superlativos y mucha foto a cuestas y yo no podía seguirles el ritmo. Una pena.
4. ¿Cuáles son los requisitos para el viaje?
Básico, basiquísimo: la forma física. Te lo dice una que pasó de ver vídeos de gatitos en Internet a hacer un trekking por los Annapurnas y vivió para contarlo. Pero no solo es eso: también el tipo de alojamientos previstos es importante. A lo mejor hay que llevar saco de dormir y a ti no te gusta acampar. O hay que compartir habitación y no soportas los ronquidos. ¿Va a hacer mucho calor, mucho frío? ¿La altitud puede suponer un problema? Los transportes: ¿son privados o públicos? ¿Muchas horas de coche? Recuerdo un viaje en que cada día había alguna actividad acuática y una persona del grupo se mareaba solo de pensar en el agua. Imagínate qué sufrimiento (para la persona y para el guía).
5. ¿Cuánta gente va?
Un factor crítico es el tamaño del grupo. Si el viaje es para quince personas o más, olvídate, directamente. Es imposible que el guía pueda dedicar un mínimo tiempo a cada uno entre tanta gente, cuando además el nivel fotográfico será heterogéneo y cada uno llevará un equipo distinto (del que encima seguramente ni se ha leído el manual). Para mí el tamaño óptimo es entre cinco y ocho. Puedo tolerar hasta diez. Más no te lo recomiendo.
6. ¿Quién forma el equipo?
La calidad del guía/organizador es otro punto esencial. Tuve un viaje desastroso una vez porque quien lo organizaba era un bohemio que de gestionar sabía lo mismo que yo de la cría de la alpaca. No había reservas en los restaurantes, no preparaba bien las rutas, dejaba que la gente se descolgara y perdíamos tiempo reagrupando… Pero aunque a mí no me gustara, me consta que a otras personas les encanta el carácter relajado de esa persona. O sea, que más que ser bueno o malo, se trata sobre todo de que su estilo te encaje. Por tanto, mi recomendación es que hables personalmente con la organización antes, que preguntes opinión a quien ya haya viajado con ellos, y que pruebes primero con una escapada corta, como un taller de día o de fin de semana, antes de invertir en un viaje largo. También muchos de los fotógrafos que ofrecen viajes tienen libros publicados y cursos online que son, comparados con un viaje, una pequeña inversión donde puedes ver de primera mano sus conocimientos y su estilo. Así verás si te cuadran.
En los viajes largos es habitual que las responsabilidades se repartan: mientras que el fotógrafo se encarga de la parte fotográfica, hay otro equipo, muchas veces local, responsable de la intendencia: desplazamientos, entradas, restaurantes... Lo ideal es que en ese equipo local haya también un guía turístico, porque complementará al fotógrafo explicando de primera mano información interesante sobre los lugares visitados. Una cosa obvia que tener en cuenta, por cierto, es la cuestión del idioma. Probablemente los guías locales no hablen español y si no te manejas en inglés no te podrás comunicar directamente con ellos. En un viaje que hice con, seguramente, el peor grupo posible, había un tipo que no hablaba una palabra de inglés y que pretendió, durante todo el viaje, que el guía español estuviera a su entera disposición para lo que dispusiera, desde una explicación a pedirle una cerveza en el bar. José Luis, ¿por qué no te quedaste en casa?
7. ¿Cómo es el itinerario?
En un viaje fotográfico a veces se planifican cosas que, finalmente, no se pueden hacer. Fotografiar un amanecer/atardecer/vía Láctea son ejemplos típicos. Por mucha preparación que haya, si ese día llueve no hay foto. Entonces, ¿hay plan B? Es importante que la organización tenga previstas alternativas si alguna actividad no se puede realizar por fuerza mayor. ¿Los traslados están pensados con lógica? Esto no me pasó a mí, pero me contaron de un viaje en el que hacían los desplazamientos por la mañana y llegaban al destino a media tarde… cuando todo estaba a punto de cerrar.
Y es fundamental que, aunque el grupo lleve guía local, el fotógrafo también conozca la zona del viaje, no tanto para mostrarte las mejores localizaciones para fotos, que también, sino, sobre todo, para evitar problemas. Es su responsabilidad que el viaje salga bien. Ya sé que parece una obviedad, pero te sorprendería la cara tan dura que tienen algunas agencias. Una compi en un viaje me contó que se había quedado tirada en Etiopía porque tuvieron un problema con el vehículo en un lugar sin cobertura y el guía, que no conocía el país, no sabía cómo salir del aprieto. Sí que había hecho viajes por Kenia y, “como son países vecinos”, dio por hecho que Etiopía sería igual. Sin comentarios.
8. ¿Qué se incluye y qué no?
Otro básico: ¿qué incluye el coste del viaje? Es muy habitual que el vuelo internacional al destino sea por tu cuenta, por la sencilla razón de que cada viajero puede estar en un origen diferente. También el seguro de viaje (imprescindible. No, “nunca me ha pasado nada” no es una buena razón. Haz un seguro de viaje. Y que cubra el equipo fotográfico contra robo y daño) suele ser responsabilidad de cada viajero. Pero es muy importante que te suministren información detallada de los gastos que están incluidos y los que no: visados, alojamientos, suplementos por habitación individual, comida, bebida, entradas, permisos, transporte, propinas…
Eso de las propinas, por cierto, aunque no está escrito en ninguna parte, suele dar igual que digan que está incluido. En mi experiencia, al final del viaje el grupo acuerda reunir una cantidad de dinero para entregar al guía local y al conductor. Es un detalle de agradecimiento, sobre todo en países menos desarrollados. Y a mí me parece estupendo.
Es interesante, además, que el viaje incluya opción de añadir actividades voluntarias. A veces hay programada una mañana o tarde de “tiempo libre” que uno puede aprovechar por su cuenta o dedicar a alguna de estas actividades extra. Obviamente, siempre serán gastos adicionales, pero que existan esas opciones dice mucho del cuidado que la organización pone en ofrecer una experiencia memorable al viajero.
9. ¿Y si al final no puedo ir?
Una política de cancelación clara es obligatoria, es decir, en qué condiciones te devolverán el dinero o no. El seguro de viaje que habrás contratado (¿verdad?) también especificará qué situaciones cualifican para un reembolso. Todas esas cosas que nunca pasan, hasta que un día la compañía aérea decide hacer huelga, te tuerces un tobillo o te citan para mesa electoral. Yo volé a Jordania un 8 de octubre de 2023. ¿Recuerdas qué pasó el día anterior en Israel? Pues eso. En este caso el viaje no se canceló, pero la agencia en España estuvo en contacto permanente con el consulado para asegurarse de que no había riesgo y, a pesar de ello, una excursión programada al río Jordán se sustituyó por una visita a Madaba, por si acaso (yo encantada: el Jordán es un pedregal con agua marrón y en San Jorge de Madaba está el mosaico del mapa más antiguo conservado en Palestina. Wiiiii…)
10. ¿Hay sesiones de revisión/edición?
Una característica específica de un viaje fotográfico es que, en algún momento, el grupo se reúna para revisar las fotos, hacer una selección, proponer o incluso realizar posproducción. En viajes para hacer paisaje o calle quizás no, pero si es un viaje con fotografía más técnica, como nocturna, alta velocidad o macro, es posible que se dediquen algunas horas a enseñar cómo posproducir las imágenes. Si no te interesa o eres el +1, necesitarás una alternativa, pero en cualquier caso debería haber un equilibrio razonable y no dedicar un número de horas excesivas a estas sesiones. Tampoco deberían obligarte a cargar con un portátil, aunque llevar un lector de tarjetas es recomendable.
Resumen
Los diez puntos que explico más arriba son, en su mayoría, cosas de sentido común que seguramente ya haces, pero es verdad que hay algunos detalles específicos de viajes fotográficos que conviene tener en cuenta.
Aunque los ejemplos propios que he puesto son todos negativos, ni mucho menos mi experiencia general ha sido mala, al contrario. He destacado esas experiencias precisamente para ilustrar con claridad por qué es importante reflexionar sobre cada punto. Te resumo a continuación los puntos más críticos.
Señales de alarma
Grupos de 15+ o “cupos abiertos”.
Itinerarios con 5 localizaciones/día y traslados largos: suena a “turismo exprés”, no a fotografía.
“Lo vemos sobre la marcha” para situaciones específicas (amaneceres/atardeceres…).
Sin presupuesto detallado y política clara de cancelación.
Guía sin experiencia docente/en el destino.
Señales positivas
Programa con tiempo suficiente y horas de llegada apropiadas para aprovechar la mejor luz.
Sesiones de edición/crítica programadas que tampoco sean excesivas (es un viaje, no un taller teórico).
Equipo local serio para logística y seguridad.
Comunicación pre-viaje fluida y respuestas claras por escrito y a tiempo.
Algunos ejemplos
A continuación voy a listar algunos nombres con quienes he hecho viajes personalmente y otros que tengo en mi lista de pendientes para cuando me dé la vida. No me llevo nada de esta recomendación, de hecho, ni siquiera les he dicho que van a salir aquí, pero mi experiencia con ellos ha sido muy positiva, y por eso la comparto (están por orden alfabético):
Marina Cano.- Fotógrafa de fauna enamorada de África, que además de talleres en España organiza safaris de seis personas a Kenia. Estoy deseando visitar Masái Mara y Amboseli con ella porque hice uno de sus talleres en Cantabria y me entusiasmó su técnica fotográfica. No, no somos familia.
Álex Montañés (Trekking Aragón)/Ana Arbonés (Fotonistas).- Álex es geólogo, fotógrafo y guía de montaña. Ana, el alma de Fotonistas y una apasionada a partes iguales de la fotografía y la naturaleza. Organizan escapadas de uno o dos días por el Pirineo aragonés, que conocen como la palma de su mano, para hacer fotografía de paisaje. Ofrecen varias rutas durante todo el año, pero la mejor, para mí, es la de otoño en Ordesa-Monte Perdido.
Germán Ruiz (Fotomundos).- Organiza solo viajes por Asia. En el momento de escribir este artículo tiene rutas por Vietnam y Camboya, Nepal y Kirguistán. Grupos de seis personas, con guías locales extraordinarios (un abrazo, Hung, Babu, Bun, Alban). Muy centrado en la vida cotidiana, acercarse a la gente y hacer retratos. Itinerarios organizados al milímetro.
Rober Tomás.- Especialista en fotografía de calle. Mi recomendación son sus talleres de un día por España (grupos reducidos, ritmo ágil y feedback continuo), ideales para aprender mucho en poco tiempo. También organiza viajes más extensos (Florencia, Oporto, Bosnia, Macedonia…), pensados para quien quiere centrarse 100% en calle. Sus grupos en viajes suelen ser de 10–12 personas.
Esta lista se basa solo en mi experiencia particular, cuando esta ha sido positiva. Hay mucha otra gente organizando viajes, y seguro que son muy buenos, pero solo menciono a los que conozco personalmente y me han gustado. Ojalá pudiera permitirme un listado exhaustivo, pero nada más lejos. Así que, por favor te lo pido, no me escribas diciendo “te has dejado a Fulanito, que fui a Cuba con él y es maravilloso”. Si no está en esta lista es, sencillamente, porque yo no conozco a Fulanito, ni he ido a Cuba con él, ni planeo hacerlo. O porque sí fui y no me gustó, algo que no voy a escribir aquí. Y si, al contrario, has tenido experiencia con estas personas y no fue positiva como la mía, lo lamento. Es la prueba de que organizar viajes no es una ciencia exacta.
Unos apuntes finales
El grueso del artículo lo he dedicado a cosas que tener en cuenta para elegir un buen viaje, pero me parece útil añadir una breve lista de puntos sobre el equipo fotográfico:
Varias tarjetas de memoria de capacidad media es mejor que una sola grande.
Varias baterías y dos cargadores, uno en el equipaje facturado y otro en el de mano (ya me lo agradecerás). Las baterías deben ir en el equipaje de mano.
Un adaptador de enchufes universal.
Un kit básico de limpieza: gamuza de microfibra y una brocha suave. Una pera de aire es útil pero no imprescindible (las baratas de farmacia funcionan estupendamente).
Protección contra polvo, lluvia, etc. para el móvil, los objetivos o cualquier otro accesorio. Hay dry bags específicas, pero bolsas zip de las de congelar alimentos sirven también.
Algo para hacer copias de seguridad de las fotos a medida que avanza el viaje. Un disco duro externo, el propio móvil o una tableta… Haz un volcado cada noche para evitar disgustos.
Hasta aquí my two cents sobre viajes fotográficos. Espero que, si estás pensando hacer uno y tienes dudas, este artículo te haya sido útil.
Notas:
La ilustración de inicio ha sido generada con Sora IA.
Este artículo no contiene ningún enlace afiliado.